La vivienda española avanza hacia un modelo cada vez más conectado. Según los datos del ‘IV observatorio sobre vivienda y sostenibilidad’ elaborado por la Unión de Créditos Inmobiliarios (UCI), la tecnología inteligente continúa ganando protagonismo en los hogares, impulsada por la búsqueda de mayor comodidad, seguridad y eficiencia. De acuerdo con el informe, lo que hace unos años se asociaba a viviendas futuristas o a usuarios especialmente familiarizados con la innovación tecnológica, hoy forma parte de la realidad cotidiana de millones de españoles. Termostatos inteligentes, sistemas de iluminación conectada, asistentes de voz, cámaras de seguridad o electrodomésticos controlables desde el teléfono móvil se han convertido en elementos cada vez más habituales dentro de las viviendas.
La evolución de las denominadas smart homes o casas inteligentes refleja un cambio profundo en la forma en que las personas se relacionan con su vivienda. Ya no se trata únicamente de disponer de un espacio cómodo y funcional, sino de contar con un hogar capaz de adaptarse a las necesidades diarias, optimizar recursos y mejorar la experiencia de quienes lo habitan.
Los datos del ‘IV observatorio sobre vivienda y sostenibilidad’ de UCI muestran que la vivienda conectada continúa avanzando en España, aunque todavía de forma progresiva y lejos de haberse convertido en un estándar plenamente consolidado.
Los hogares españoles rozan los dos dispositivos inteligentes de media
La presencia de tecnología inteligente en los hogares españoles mantiene una tendencia claramente ascendente. En 2026, las viviendas cuentan con una media de 1,98 dispositivos inteligentes o Internet de las Cosas (IoT), una cifra que prácticamente alcanza los dos dispositivos por hogar.
De acuerdo con el informe, la evolución durante los últimos años confirma el crecimiento constante de este mercado. Mientras que en 2023 la media se situaba en 1,70 dispositivos, en 2024 ascendió a 1,78 y en 2025 alcanzó los 1,94. El dato actual consolida esta progresión y evidencia que cada vez más ciudadanos incorporan soluciones tecnológicas a su vivienda.
Detrás de este crecimiento se encuentran diversos factores. Por un lado, la reducción de los costes de acceso a muchos dispositivos inteligentes ha facilitado su adopción. Por otro, la mejora de la conectividad y la popularización de los ecosistemas digitales han permitido que estos equipos sean más sencillos de instalar y utilizar.
Además, los usuarios valoran cada vez más los beneficios prácticos que ofrecen estas tecnologías: comodidad, ahorro de tiempo, control remoto, mayor seguridad y una gestión más eficiente de determinadas funciones del hogar.
Las generaciones intermedias lideran la adopción tecnológica
El uso de dispositivos inteligentes no se distribuye de manera uniforme entre todos los grupos de edad. Según el informe, son las generaciones intermedias las que muestran una mayor penetración de estas tecnologías.
Las personas de entre 35 y 44 años encabezan la clasificación con una media de 2,5 dispositivos inteligentes por vivienda. Les siguen los ciudadanos de entre 25 y 34 años, con 2,1 dispositivos de media.
Por detrás se sitúan los hogares de personas entre 45 y 54 años, con 2 dispositivos, mientras que el grupo de entre 55 y 65 años registra una media de 1,5.
De acuerdo con el informe, estas diferencias pueden explicarse por varios motivos. Los grupos de edad más jóvenes suelen presentar una mayor familiaridad con la tecnología y muestran una predisposición más elevada hacia la digitalización de la vida cotidiana. Además, muchos de ellos se encuentran en etapas vitales asociadas a la compra o renovación de vivienda, momentos en los que resulta más habitual incorporar nuevos sistemas tecnológicos.
Por el contrario, los grupos de mayor edad tienden a priorizar otros aspectos del hogar y muestran una adopción más gradual, aunque también creciente.
Diferencias territoriales en la implantación de la vivienda inteligente
La expansión de la tecnología doméstica también presenta diferencias significativas entre comunidades autónomas, lo que refleja distintos niveles de implantación de los dispositivos inteligentes en los hogares españoles.
Baleares lidera la clasificación nacional con una media de 2,4 dispositivos inteligentes por vivienda. Muy cerca se sitúan Andalucía, Galicia y la Región de Murcia, que registran 2,3 dispositivos de media, así como Castilla-La Mancha y Extremadura, con 2,2.
En posiciones intermedias aparecen Cataluña, con 2 dispositivos, y otras regiones como Aragón, Castilla y León y la Comunidad Valenciana, con una media cercana a los 1,9 dispositivos por hogar.
Por debajo de la media nacional se encuentran Cantabria, Navarra y La Rioja, con 1,8 dispositivos de media. Madrid y País Vasco registran 1,7, mientras que Asturias alcanza los 1,6 dispositivos por vivienda. Canarias cierra la clasificación con una media de 1,5 dispositivos inteligentes por hogar.
Los datos del ‘IV observatorio sobre vivienda y sostenibilidad’ ponen de manifiesto que la adopción de soluciones vinculadas al hogar conectado mantiene un comportamiento desigual en el conjunto del territorio nacional. Aunque la media española se sitúa ya en 1,98 dispositivos por vivienda, las diferencias entre comunidades evidencian que el desarrollo de la vivienda inteligente continúa avanzando a distintas velocidades según la región.
Interés creciente por la vivienda inteligente
Más allá de la implantación real de dispositivos conectados, el informe también analiza la percepción que tienen los ciudadanos sobre el concepto de casa inteligente.
Los resultados muestran una actitud generalmente positiva hacia este tipo de soluciones, aunque todavía existe cierta distancia entre el interés que generan y la prioridad que ocupan dentro de las decisiones relacionadas con la vivienda.
La respuesta más frecuente corresponde al 39% de los ciudadanos, que considera la casa inteligente como algo interesante, pero no prioritario. A su vez, un 23% la identifica como una mejora útil y positiva para las viviendas.
Por otra parte, el 21% reconoce sentir curiosidad por este modelo de hogar, aunque también mantiene algunas dudas sobre sus ventajas reales, su coste o su utilidad práctica. Solo un 12% considera que se trata de una tecnología prescindible, mientras que un reducido 5% afirma no tener una opinión formada sobre el tema.
Estos datos reflejan que la vivienda conectada despierta interés entre la población española, pero todavía se percibe principalmente como un complemento que mejora la experiencia residencial, más que como un requisito imprescindible.
Tecnología al servicio del confort y la gestión del hogar
Uno de los aspectos más relevantes de la evolución de las smart homes es que su crecimiento no responde únicamente al atractivo de la innovación tecnológica. Cada vez más usuarios incorporan estos dispositivos porque encuentran en ellos una utilidad tangible para resolver necesidades cotidianas. La posibilidad de programar la calefacción, controlar el consumo energético, vigilar la vivienda a distancia, automatizar tareas o gestionar diferentes sistemas desde una única aplicación son ventajas que tienen un impacto directo en el día a día.
Esta orientación práctica explica por qué la vivienda inteligente continúa ganando presencia. La tecnología deja de percibirse como un elemento accesorio para convertirse progresivamente en una herramienta que aporta comodidad, ahorro y control.
A medida que aumente la interoperabilidad entre dispositivos y continúe reduciéndose la barrera económica de acceso, es previsible que la digitalización del hogar siga acelerándose durante los próximos años.
La eficiencia energética impulsa el valor de la vivienda
La evolución de las smart homes está estrechamente relacionada con otro de los grandes desafíos del mercado residencial: la eficiencia energética. Según el ‘IV observatorio sobre vivienda y sostenibilidad’, el 79% de los españoles estaría dispuesto a pagar más por una vivienda con mejores prestaciones energéticas y medioambientales. Entre los jóvenes de 25 a 34 años, este porcentaje asciende hasta el 87%.
Además, los ciudadanos asumirían de media un sobrecoste del 8,5% para acceder a una vivienda más eficiente. En el caso de una vivienda media de 100 metros cuadrados, este esfuerzo económico podría representar cerca de 19.000 euros adicionales.
La razón principal es que los consumidores identifican claramente la relación entre eficiencia energética y ahorro económico. De hecho, el 58% considera que las características energéticas de su vivienda influyen de forma directa en el importe de sus facturas, mientras que otro 35% cree que tienen cierta influencia. En conjunto, nueve de cada diez españoles perciben una conexión entre eficiencia energética y gasto doméstico.
Sin embargo, esta creciente sensibilidad convive con una realidad estructural importante: el envejecimiento del parque residencial español. El 59% de los ciudadanos vive en viviendas construidas entre 1950 y el año 2000, mientras que únicamente el 6% reside en inmuebles edificados a partir de 2015.
Este contexto convierte la rehabilitación energética en una herramienta fundamental para mejorar el rendimiento de las viviendas existentes. Actuaciones como la mejora del aislamiento, la renovación de ventanas, la instalación de sistemas más eficientes o la incorporación de tecnologías inteligentes pueden reducir significativamente el consumo energético y aumentar el confort.
En este escenario, la convergencia entre digitalización y sostenibilidad aparece como una de las principales tendencias del mercado residencial. Las viviendas del futuro no solo serán más conectadas, sino también más eficientes, capaces de optimizar recursos, reducir costes y responder mejor a las necesidades de quienes las habitan.
