El proyecto PriMa formará a jóvenes investigadores para garantizar la privacidad en la biometría

Biometría facial privacidad.

A medida que aumenta el uso de tecnologías avanzadas, como la inteligencia artificial, los sensores y la biometría, la preservación del derecho a la privacidad de las personas resulta cada vez más difícil. En este contexto, el proyecto europeo PriMa, liderado por la Universidad de Twente (Noruega), se ha reunido con expertos de la industria, de universidades y centros de investigación para compartir conocimientos y experiencias, con el fin de preparar a los jóvenes investigadores para abordar la compleja cuestión de la preservación de la privacidad en una sociedad digitalizada.

El objetivo del proyecto es formar a jóvenes investigadores capaces de abordar la cuestión de la preservación de la privacidad en el uso de la biometría blanda.

Con el apoyo de las Acciones Marie Skłodowska-Curie, el proyecto PriMa es una red de formación innovadora (ITN) en la que colaboran siete lugares de investigación y siete organizaciones industriales para analizar y mitigar los riesgos de privacidad de una sociedad digitalizada.

A través de programas de doctorado interrelacionados, los socios de universidades y centros de investigación de toda Europa proporcionarán a los investigadores las herramientas necesarias para lograr un efecto significativo en el campo de la privacidad.

Uso de la biometría blanda

Según la información publicada en el Servicio de Información Comunitario sobre Investigación y Desarrollo (Cordis, por sus siglas en inglés) de la Comisión Europea, uno de los ámbitos prioritarios de la ITN PriMa es el uso de la biometría blanda. Se trata de características físicas o conductuales que son más subjetivas y menos discriminatorias que los identificadores biométricos tradicionales como rostros, huellas dactilares y lecturas del iris. Algunos ejemplos de atributos biométricos blandos son el color del pelo, la altura, la marcha, el ritmo de tecleo y la voz.

Durante el proyecto, se hizo patente la necesidad de replantearse cómo enfocar el etiquetado de los atributos demográficos. Las categorías actuales pueden resultar limitadas y no reflejar la diversidad de las identidades humanas. Además, existen incoherencias en el etiquetado de los atributos biométricos blandos en los conjuntos de datos de imágenes faciales. El equipo del proyecto ha comprobado que lograr un índice elevado de concordancia entre los anotadores es fundamental para garantizar la fiabilidad y la coherencia de los datos etiquetados.

En general, en el proyecto PriMa se han aportado ideas valiosas sobre los retos y las oportunidades que plantea el uso de identificadores biométricos subjetivos y menos discriminatorios para identificar y describir a las personas. La labor del proyecto pone de relieve la necesidad de transparencia en el proceso de etiquetado y de un método más inclusivo para definir los atributos demográficos.

Una de las aportaciones es el trabajo sobre la ocultación del sexo a partir de imágenes y plantillas faciales (datos biométricos almacenados para el reconocimiento). Otra de ellas es el trabajo sobre el reconocimiento de la marcha preservando la privacidad a partir de sensores de teléfonos inteligentes, a la vez que se mantiene el rendimiento de la autenticación sin revelar datos demográficos.

Análisis de los datos personales procedentes de sensores móviles

En PriMa también se ha proporcionado un análisis en profundidad de los datos personales y sensibles extraídos de sensores móviles de fondo y los métodos automatizados correspondientes. Estos se centran en datos demográficos, actividad y comportamiento, parámetros de salud y características corporales, estado de ánimo y emociones, seguimiento de la ubicación y registro de pulsaciones, además de elaborar un resumen de las métricas propuestas en la literatura para la cuantificación de la privacidad desde la perspectiva de los datos sensibles.

El proyecto PriMa, que comenzó en enero de 2020 y finalizará en diciembre de 2023, cuenta con un consorcio compuesto por seis entidades procedentes de Reino Unido, España, Noruega, Alemania y Bélgica. La participación española está representada por la Universidad Autónoma de Madrid. El consorcio dispone de 3.826.980 euros, íntegramente financiados por el programa de investigación Horizonte 2020 de la Comisión Europea, para cumplir con sus objetivos.

 
 
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