El Centro Común de Investigación (JRC, por sus siglas en inglés) de la Comisión Europea ha lanzado un llamamiento a reforzar la investigación científica sobre cómo los mundos virtuales pueden influir en la salud y el bienestar de los usuarios. La iniciativa, recogida en el informe ‘Call for action: Advancing research on virtual worlds, health and well-being’ del JRC, subraya la necesidad de generar evidencia sólida que permita orientar el desarrollo de políticas públicas ante el rápido avance de estas tecnologías.
El documento destaca que, aunque los mundos virtuales ofrecen oportunidades en ámbitos como la educación, la colaboración o el entretenimiento, también plantean riesgos potenciales relacionados con la salud mental, la exposición a contenidos perjudiciales o el uso problemático de las plataformas. Ante esta situación, el informe señala que es necesario impulsar investigaciones que superen las actuales barreras metodológicas y permitan obtener datos de alta calidad para la toma de decisiones políticas.
Tecnologías emergentes y retos para el bienestar digital
Los mundos virtuales se definen como entornos persistentes e inmersivos basados en tecnologías como la realidad extendida (XR), que permiten combinar el mundo físico y el digital en tiempo real. Este ecosistema tecnológico se apoya además en desarrollos como la inteligencia artificial, el blockchain o la computación en la nube, y se integra en conceptos emergentes como el metaverso, la computación espacial o la futura Web 4.0, lo que ha despertado un creciente interés por su impacto social y económico.
Actualmente, plataformas de mundos virtuales como Roblox, Minecraft o Fortnite cuentan con decenas de millones de usuarios en todo el mundo, muchos de ellos jóvenes. Estas aplicaciones pueden ofrecer beneficios relacionados con la socialización, el aprendizaje o el entretenimiento, pero también plantean desafíos como el riesgo de adicción, el acoso digital o la exposición a contenidos inapropiados.
El informe del JRC subraya que el estudio del impacto de los mundos virtuales debe reconocer la complejidad del fenómeno. Los efectos sobre el bienestar no son lineales ni universales, sino que dependen de múltiples factores como el diseño de la tecnología, el tipo de interacción que realizan los usuarios y sus características individuales.
Por ello, los expertos recomiendan que las futuras investigaciones se centren más en las características tecnológicas de las plataformas, como los sistemas de moderación, las opciones de privacidad o los mecanismos de microtransacciones, que en aplicaciones concretas. Este enfoque permitiría obtener resultados más comparables y aplicables a diferentes entornos digitales.
Nuevas líneas de investigación
Otra prioridad es analizar las actividades específicas que se desarrollan dentro de los mundos virtuales, ya que una misma plataforma puede utilizarse para experiencias muy diferentes. Mientras algunas interacciones pueden fomentar la creatividad o el apoyo social, otras pueden implicar riesgos como comportamientos tóxicos, contenido inapropiado o dinámicas similares al juego de azar.
El informe también propone innovar en los métodos de investigación para mejorar la calidad de la evidencia disponible. Entre las recomendaciones se incluyen el uso de estudios longitudinales, ensayos controlados cuando sea posible, investigaciones cualitativas como entrevistas o observación participante, y el acceso a datos reales de uso mediante colaboraciones entre el sector académico y las plataformas tecnológicas.
Asimismo, se destaca la importancia de considerar factores individuales que pueden influir en el impacto de estas tecnologías, como la edad, la alfabetización digital o la pertenencia a colectivos vulnerables. Grupos como mujeres, minorías étnicas o personas con discapacidad pueden estar más expuestos a experiencias negativas como el acoso o los discursos de odio.
La iniciativa forma parte de la estrategia europea para el desarrollo de la Web 4.0 y los mundos virtuales, que busca garantizar que estas tecnologías evolucionen de acuerdo con los valores europeos. También responde a las recomendaciones del Panel Ciudadano Europeo sobre mundos virtuales y a las resoluciones del Parlamento Europeo que reclaman más investigación sobre el impacto de las tecnologías digitales en la salud mental, especialmente entre niños y adolescentes.
