Un estudio publicado en la revista científica Energies propone ampliar el Indicador de Preparación Inteligente de los Edificios (SRI) mediante una evolución denominada SRI 2.0, con el objetivo de evaluar de forma más completa los sistemas tecnológicos y de automatización de edificios con instalaciones técnicas complejas. La investigación plantea incorporar nuevos servicios relacionados con la seguridad, la movilidad, la gestión del agua y otras instalaciones técnicas que actualmente quedan fuera o tienen una presencia limitada en la evaluación, especialmente en hoteles, hospitales, campus, centros comerciales y otras grandes instalaciones.

El estudio señala que el SRI, desarrollado en el marco de la normativa europea de eficiencia energética de los edificios, se centra principalmente en los sistemas vinculados al consumo y la gestión de la energía. Su metodología actual contempla nueve dominios: calefacción, refrigeración, agua caliente sanitaria, ventilación, iluminación, envolvente dinámica, electricidad, recarga de vehículos eléctricos y monitorización y control.
Aunque permite valorar la capacidad de los edificios para optimizar su funcionamiento, responder a las necesidades de los usuarios e interactuar con las redes energéticas, el autor considera necesario ampliar su alcance para reflejar otros servicios que intervienen en la operación de los edificios inteligentes.
El límite del SRI en edificios inteligentes complejos
Una de las principales limitaciones identificadas en el estudio es que el SRI funciona como una extensión de los certificados de eficiencia energética y de las inspecciones técnicas tradicionales. Esto le da coherencia metodológica, pero también restringe su alcance a servicios energéticos regulados. El autor distingue entre servicios regulados por la normativa energética y servicios relevantes para la energía, el agua, la seguridad, la resiliencia, el mantenimiento y la experiencia de uso.
Esta diferencia es importante porque muchos edificios no operan solo con climatización, iluminación y electricidad. Un hotel puede depender de piscinas, cocinas, lavanderías, ascensores, riego e iluminación exterior. Un hospital necesita transporte vertical, sistemas de respaldo, seguridad y equipamiento especializado. Un supermercado puede tener la refrigeración como una de sus cargas eléctricas dominantes. Sin embargo, estas funciones quedan fuera o apenas aparecen en la evaluación actual.
El resultado puede ser una lectura incompleta. Un edificio con sistemas centrales automatizados puede obtener una buena puntuación aunque mantenga servicios importantes desconectados o gestionados manualmente. A la inversa, un inmueble con controles avanzados en refrigeración, piscinas, seguridad o movilidad puede no ver reflejada esa capacidad en su nota SRI.
Cinco familias de servicios técnicos para SRI 2.0
El documento propone ampliar el catálogo mediante cinco familias opcionales. La primera es movilidad y accesibilidad, que incluiría ascensores, escaleras mecánicas, pasarelas móviles, plataformas elevadoras, puertas automáticas y guiado inteligente de aparcamiento. Estos sistemas pueden evaluarse por niveles de funcionalidad: desde operación básica hasta control por tráfico, diagnóstico remoto, ahorro en espera, mantenimiento predictivo e integración con emergencias o control de accesos.
La segunda familia es seguridad y protección. Abarca control de accesos, videovigilancia, detección de intrusión, detección de incendios, control de humos, alumbrado de emergencia, megafonía y guiado de evacuación. El autor subraya que el SRI no sustituiría la normativa de seguridad, pero sí podría reconocer si estos sistemas están monitorizados, integrados, son capaces de registrar fallos y responden de forma coordinada.
La tercera familia reúne agua y servicios ambientales exteriores: suministro, bombeo, contadores inteligentes, detección de fugas, aguas pluviales, reutilización de aguas grises, aguas residuales, riego, piscinas y spas. La cuarta cubre infraestructura exterior y de sitio, como iluminación de fachadas, caminos, aparcamientos, señalización, zonas públicas, sombreado exterior y fuentes. La quinta incluye servicios intensivos en energía y de instalación: cocinas profesionales, lavanderías, refrigeración, cámaras frías, laboratorios, salas TIC, sistemas de alimentación ininterrumpida, generación de respaldo y gestión de residuos.
Módulos opcionales y activación por tipo de edificio
La ampliación no se plantea como una lista obligatoria para todos los inmuebles. La recomendación es mantener los nueve dominios actuales como base común europea y añadir módulos activables solo cuando el servicio exista y sea material para el tipo de edificio. Así, un pequeño edificio residencial no tendría una evaluación innecesariamente compleja, mientras que un hospital, un hotel o un campus recibirían una valoración más realista.
El documento propone perfiles por tipología. Un hotel podría activar piscinas, cocinas, lavanderías, transporte vertical, iluminación exterior y riego. Un hospital incorporaría seguridad, energía de respaldo, transporte vertical y sistemas críticos. Un supermercado evaluaría refrigeración y cámaras frías. Un campus incluiría laboratorios, salas TIC, riego, infraestructura exterior e interacciones a escala de distrito.
Para evitar una metodología paralela, el autor recomienda usar los niveles de funcionalidad ya conocidos del SRI: operación manual o básica, programación, control mediante sensores, optimización adaptativa e integración predictiva. La evaluación debería apoyarse en evidencias claras, datos de auditoría y, en el futuro, información BIM/IFC sobre equipos, sensores, controladores, ubicación, conexión con sistemas de gestión y capacidad de monitorización.
Validación y próximos pasos de la propuesta SRI 2.0
La conclusión es que el SRI debe evolucionar sin perder comparabilidad. SRI 2.0 debería conservar su núcleo, pero incorporar módulos por tipo de edificio vinculados a energía, agua, seguridad, resiliencia, mantenimiento y experiencia del usuario. Esta ampliación haría el indicador más útil para inspecciones, certificados energéticos, pasaportes digitales del edificio, certificaciones inteligentes, hojas de ruta de renovación e inversiones.
El autor reconoce que la propuesta es conceptual y aún no ha sido validada mediante estudios de caso ni integrada en la metodología oficial de puntuación. Por ello recomienda probar los módulos en edificios complejos representativos, definir niveles de funcionalidad y reglas de ponderación, comprobar la coherencia entre evaluadores y estudiar su automatización con BIM/IFC. El objetivo final es que el SRI mida no solo la inteligencia de los sistemas energéticos regulados, sino también la del ecosistema técnico que realmente determina el funcionamiento de los edificios contemporáneos.