Investigadores de la Universidad de Edimburgo desarrollan un semiconductor más rápido y eficiente

Un equipo de científicos de la Universidad de Edimburgo, en Escocia (Reino Unido), ha creado una nueva clase de material semiconductor que podría permitir que los dispositivos electrónicos funcionen más rápido y consuman menos energía, según un estudio reciente.

Los hallazgos indican que el material puede actuar como un semiconductor altamente efectivo, un componente clave de los dispositivos eléctricos modernos.

El avance se basa en una aleación de germanio y estaño que, hasta ahora, se consideraba casi imposible de fabricar en condiciones estables. Los resultados indican que este nuevo material puede actuar como un semiconductor altamente eficaz. Además, el uso del nuevo semiconductor en productos electrónicos como procesadores de computadoras o dispositivos de imágenes médicas podría ayudarlos a funcionar de manera más eficiente

Un semiconductor más eficiente que el silicio

El nuevo material destaca por su capacidad para absorber y emitir luz con mayor eficacia que los semiconductores tradicionales basados en silicio. Esta propiedad es clave en los dispositivos optoelectrónicos, que convierten la luz en energía eléctrica y viceversa.

Según los investigadores, su aplicación en procesadores de computadoras, centros de datos o sistemas de imagen avanzada podría mejorar notablemente la eficiencia energética, uno de los principales retos tecnológicos actuales.

El desarrollo ha sido posible gracias a un método que combina altas temperaturas y presiones extremas. El equipo calentó mezclas de germanio y estaño por encima de 1.200 grados Celsius, aplicando presiones de hasta 10 gigapascales, unas 100 veces superiores a la presión en el fondo de la Fosa de las Marianas.

Colaboración de universidades

Este proceso permitió obtener aleaciones estables a temperatura y presión ambiente, superando un obstáculo clave: en condiciones normales, ambos elementos apenas reaccionan químicamente entre sí.

La investigación, publicada en la revista Journal of the American Chemical Society y respaldada por la Comisión Europea, contó con la participación de investigadores de las Escuelas de Ingeniería y Geociencias de la Universidad de Edimburgo.

También colaboraron científicos del Centro Helmholtz de Geociencias GFZ en Alemania, de la Universidad de Lille y la Universidad Grenoble Alpes en Francia; de la Universidad de Bayreuth, también en Alemania; y del Sincrotrón Europeo, con sede en Grenoble (Francia).

 
 
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