La guía del Centro de Asesoramiento sobre Pobreza Energética (EPAH) plantea cómo la digitalización, la inteligencia artificial, la inclusión digital y la interoperabilidad pueden ayudar a los gobiernos locales a combatir la pobreza energética sin sustituir la política social ni el juicio humano. Su propósito es ofrecer una orientación práctica para integrar herramientas digitales en la metodología EPAH, basada en tres fases: diagnóstico, planificación e implementación.

El documento parte de una advertencia central: la pobreza energética en Europa sigue agravada por precios altos de la energía, viviendas ineficientes, desigualdades socioeconómicas y presiones climáticas. Las tecnologías digitales pueden mejorar la detección de vulnerabilidades, coordinar mejor energía, vivienda y servicios sociales, y permitir respuestas más rápidas. Pero también pueden ampliar brechas si excluyen a personas con baja conectividad, escasas competencias digitales, barreras lingüísticas o desconfianza institucional.
Digitalización e inteligencia artificial para detectar la pobreza energética
La guía distingue entre digitalización básica de datos, integración de herramientas digitales en procesos públicos y transformación digital como cambio organizativo más profundo. Entre los instrumentos citados figuran contadores inteligentes, plataformas de datos, sistemas de información geográfica, gemelos digitales, análisis predictivo, comunicación personalizada y diagnósticos asistidos por IA. Estas herramientas permiten detectar infraconsumo, edificios ineficientes, riesgo de endeudamiento energético o zonas expuestas a fenómenos climáticos y ambientales.
La inteligencia artificial aparece como una frontera útil pero delicada. Puede anticipar hogares en riesgo, priorizar rehabilitaciones o automatizar parte de la evaluación de ayudas. El documento recoge que algunos modelos de aprendizaje automático alcanzan precisiones superiores al 90%, aunque insiste en que deben funcionar como apoyo a la decisión, no como sustituto de profesionales. Para evitar sesgos, opacidad o exclusión, exige transparencia, auditoría, explicabilidad, supervisión humana, participación comunitaria y cumplimiento del Reglamento General de Protección de Datos.
Diagnóstico, planificación e interoperabilidad en la acción local
En la fase de diagnóstico, organizada en siete pasos, la digitalización permite pasar de evaluaciones estáticas a análisis más dinámicos y territoriales. Los municipios pueden combinar datos de consumo, ingresos, vivienda, clima, sensores, registros administrativos y conocimiento de trabajadores de primera línea. La guía subraya que la ausencia de datos también debe interpretarse: puede señalar exclusión digital o falta de acceso, no ausencia de necesidad. Por ello recomienda mezclar datos cuantitativos con entrevistas, auditorías físicas, participación vecinal y canales no digitales.
En la planificación, desarrollada en diez pasos, las herramientas digitales ayudan a consolidar diagnósticos, visualizar escenarios, estimar costes y beneficios, valorar impactos distributivos y organizar planes locales de clima social. El análisis PESTLE permite revisar factores políticos, económicos, sociales, tecnológicos, legales y ambientales. Aun así, la guía insiste en que la visión estratégica no debe generarse por algoritmos: las prioridades, los objetivos y los compromisos deben decidirse mediante procesos deliberativos con representantes públicos, comunidades afectadas y actores sociales.
Implementación, inclusión digital y aprendizaje continuo
La implementación, estructurada en seis pasos, convierte los planes en medidas concretas. Las plataformas compartidas, paneles de control, herramientas de gestión de proyectos, sistemas de seguimiento y mecanismos de retroalimentación pueden mejorar la coordinación y el aprendizaje. La guía destaca la utilidad de ventanillas únicas digitales y físicas, asesoramiento energético, aplicaciones de comportamiento, apoyo a rehabilitaciones, incentivos financieros, comunidades energéticas y sistemas de monitorización en tiempo real. Pero exige mantener atención presencial, teléfono, formularios en papel y apoyo de intermediarios de confianza para evitar una doble exclusión energética y digital.
La conclusión es que la digitalización solo aporta valor si se gobierna como una capacidad pública de largo plazo. La guía recomienda empezar desde las herramientas existentes, avanzar de forma incremental, invertir en formación, evitar dependencia de software propietario cuando limite la autonomía, garantizar interoperabilidad y sostener bucles de evaluación con datos y experiencia vivida. EPAH ofrece manuales, asistencia técnica, formación y el ATLAS de acciones locales para acompañar a los municipios en una transición energética digital que no deje atrás a los hogares vulnerables.