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AFME anuncia que los productos eléctricos que elaboran los fabricantes de material eléctrico definen una clara tendencia hacia la aceptabilidad internacional.

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El Salón Internacional de Material Eléctrico y Electrónico, MATELEC 2006, que se celebra los días 24 al 28 de octubre de 2006, en la Feria de Madrid, cuenta con la fiel presencia de los fabricantes de material eléctrico, englobados en la Asociación de Fabricantes de Material Eléctrico (AFME) que recientemente celebró la jornada técnica Directivos Comunitarios. El encuentro contó con la presencia de Luis Montoya, el responsable de asuntos mecánicos y eléctricos de la Comisión Europea, que aportó su visión sobre el tema, junto a Carlos Esteban y Andrés Carasso, Presidente y Secretario General de AFME, respectivamente.

Montoya, sin duda, uno de los principales expertos en este campo, aludió a la influencia que las normativas comunitarias tienen en el sector de materiales eléctricos. Una creciente capacidad legislativa que afecta de manera directa a este colectivo de fabricantes. Problemas como el medio ambiente, la seguridad y la calidad de los productos y, últimamente, la competencia intensa de los productos asiáticos, especialmente los provenientes de China, son la dinámica habitual de las empresas del sector eléctrico.

Sin embargo, el desconocimiento y la inquietud que genera en España la aplicación de directivas, que nos llegan directamente desde Bruselas, es patente en el colectivo empresarial. Hasta el momento, la legislación señalaba el objetivo, y las normas explican cómo alcanzarlo. Cumpliendo las normas, el producto ya tiene una presunción de conformidad, pero tras el etiquetado CE y el embalaje, las autoridades de cada país europeo asumen únicamente el control y vigilancia del mercado.

El enfoque, desde la Comisión Europea, está cambiando. Hay que mejorar el control del mercado, que desde Bruselas es imposible de realizar, siendo una responsabilidad de las autoridades de cada Estado miembro, y de éste transferida a su vez a sus responsables provinciales, locales, etc. Así, desde la Unión Europea nos llegarán las leyes, forzando a su cumplimiento, para así poder presionar desde la legalidad, generando un mayor peso en las responsabilidades en los laboratorios y entidades certificadoras.

Hacia la normalización internacional

La tendencia en la normalización y generación de leyes es la globalización. Se trata de un término bastante habitual en estos últimos tiempos, pero que en este caso particular significa caminar hacia la normalización internacional. Los datos, en este sentido, son muy clarificantes: el 72 por ciento de las normas eléctricas son idénticas a las internacionales, mientras que el 8 por ciento son similares o equivalentes, y el 20 por ciento restante son regionales o distintas de las anteriores.

En otras palabras, los productos eléctricos, que elaboran los fabricantes de material eléctrico, y que tendrán su presencia en MATELEC 2006, definen una clara tendencia hacia la aceptabilidad internacional, esto es, a que puedan circular en el mercado mundial con total garantía y aceptación en los distintos países donde pueda interesar su comercialización.

La llegada de productos eléctricos chinos

Otra inquietud de los fabricantes de material eléctrico es la Directiva de Baja Tensión. Esta norma coexiste con otras de nuevo enfoque, en otros ámbitos, y requiere de algunas modificaciones para la integración de ésta y otras normas de los distintos países. Curiosamente, Montoya afirma que en los años 70 los materiales no eran peligrosos, pero ahora sí lo son. Esa toma de conciencia también viene de la mano de la entrada intensiva de productos extranjeros a la Unión Europea, y esta “invasión” conlleva problemas de seguridad.

La llegada de productos chinos, inseguros a los ojos de los países miembros de la UE, tiene su explicación en ese factor de inseguridad. Buena parte de los productos detectados como peligrosos son de origen asiático, en concreto de China, pero sus “incumplimientos” son más por el desconocimiento de la norma que por intentar “pasar” desapercibidos. Es más, sus sistemas de control de calidad y seguridad son claramente obsoletos. Desde Bruselas, ya se han emprendido conversaciones para exportar este nuevo enfoque normativo a China; un diálogo intensivo propio de un mercado abierto como el eléctrico, que da pié a discusiones, debates bilaterales, a acuerdos y accesos a mercados, a suprimir cualquier barrera comercial, etc.

Desde la Comisión Europea, Montoya es claro a la hora de definir a este gigante asiático: tenemos un problema con China, pero se debe tener confianza y apoyar a este país para que se alineen con las normativas internacionales. No se puede obligar a esta nación a que cumplan las normas europeas, pero sí pueden acogerse a las directivas internacionales, y en la UE tenemos derecho a que cumplan con nuestra legislación. El proceso a la hora de detectar un producto defectuoso o irregular es que Bruselas transmite a China el problema, y ellos actúan legalmente. En la mentalidad empresarial china está ahora presente sólo la calidad, mientras que en la Unión Europea se piensa en la seguridad. En otras palabras, en Europa llevamos treinta años promoviendo políticas de calidad, y eso es lo que en este momento hacen en China. Un proceso lento, en el que se llegará sin duda a un equilibrio.

El caso de la piratería es de actualidad en el mercado eléctrico. Un tema de gran sensibilidad y con el que MATELEC 2006 mantiene un compromiso para evitar y denunciar cualquier caso de piratería. En este aspecto, hay algunos países asiáticos que están regulando con leyes antipiratería, pero China no es capaz de controlar su propio mercado, y tampoco pueden adaptarse al modelo normativo europeo. Sin embargo, cuando reciben una denuncia de algún fabricante europeo, que ha detectado un caso de piratería de algún producto, la demanda puede conllevar en China una sanción al fabricante, e incluso el cierre definitivo de la factoría del demandado.

Capítulo pendiente en España: I+D

Siempre será el lastre de nuestro país, pues en el año 2004 tan sólo se invirtió en investigación y desarrollo el 1,07 por ciento del PIB, y la apuesta es llegar al 2 por ciento en el año 2010. En comparación con otros países europeos, estamos algo alejados de este objetivo, cuando tenemos estados miembros con un 3 por ciento en I+D. La máxima o conclusión es inequívoca, o se invierte más en este concepto o no se avanza. Y a nivel europeo, la comunicación cada vez será más de alto nivel, con polos de decisión centrados en Bruselas, y no tanto en las restantes capitales europeas, teniendo que canalizar las inquietudes de cada colectivo empresarial de cada estado, a través de sus federaciones y ministerios pertinentes, para pasar a las federaciones y a las autoridades europeas.

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