La telemedicina hace referencia, en el contexto del hogar digital, a la atención de un paciente en su hogar, donde el encuentro físico se sustituye por una comunicación y/o monitorización por parte del proveedor del servicio médico y el paciente mediante el uso de las telecomunicaciones, y es una alternativa al desplazamiento de los profesionales o pacientes.
Aunque la telemedicina es aplicable para enfermedades esporádicas, los grandes beneficios se muestran en el caso de enfermedades crónicas. Estudios clínicos han demostrado que la telemedicina en el hogar puede disminuir la tasa de mortalidad, acortar las estancias hospitalarias y reducir el gasto médico en pacientes.

Los pacientes con enfermedades crónicas pueden utilizar dispositivos de telemedicina en su propia vivienda para controlar a diario sus signos vitales como peso, ritmo cardiaco y tensión arterial, además de responder a preguntas sobre su salud. Esta información se envía automáticamente a los profesionales sanitarios que pueden intervenir si surge algún problema o en caso de considerarlo conveniente en función de los datos. Adicionalmente pueden comunicar el tratamiento necesario directamente al paciente. La información y formación se puede aportar al paciente, cuidadores y familiares sin necesidad de desplazamiento.